El perro de mis sueños / Marley y yo
Hace años, cuando iba en la preparatoria, solía tener un par de hermanastras. Ellas vivían en otra casa, con su madre y eran altamente alérgicas a los animales. El contacto con ellos por periodos cortos era inofensivo, pero un par de horas y se ponían bastante mal.
Sus tíos vivían en el campo, en una casa donde por azares del destino habían llegado unos perritos, no sé si malteses o poodles o maltoodles, simplemente rizaditos y esponjocitos.
Un niño que crece con las mascotas prohibidas desea con toda su alma tener una, y ese fue el caso con esos perros, ya que cuando tuvieron cachorros, ellas quisieron uno.
Como su madre no les permitió tenerlo y las alergias hubieran atacado, el cachorro terminó en mi casa. Habrá tenido unas tres semanas de nacido, apenas y abría los ojos en ocasiones, aún buscaba leche de su madre y cabía en una pequeña caja que olía terriblemente desagradable de tanto que la había orinado.
Le puse nombre y su presencia en mi casa fue disfrazada como un regalo para el hogar. El perro era ‘nuestro’, pero curiosamente eran mis hermanastras las que se sentían dueñas de él.
Durante días y meses lo eduqué lo mejor que pude, jugué con él y compartí muchos momentos, así como si yo mismo hubiera sido un perro. Me acostaba en el piso con él, le quitaba su comida… no, no me la comía… muy seguido. Fuimos grandes compañeros y aprendió a respetarme.
Un día, mi padrastro dejó la casa, y en su prisa por irse, dejó al perro de dos años de edad. Cuando regresó por él, le negamos el derecho a llevárselo y se quedó con nosotros.
Hoy el cachorro de la caja de cartón tiene ocho años y medio y si bien ya no conserva la energía que tenía antes, sigue siendo un perro activo que en cuanto se abre la puerta sale corriendo a veces tan rápido que ni nos damos cuenta que salió. Es amoroso y tiene una extraña fijación por meterse detrás de las cortinas del comedor como escondiéndose.
Cuando fui a ver la película Marley y yo, realmente no tenía muchas ganas de verla, pero mi novia amante de los perros, insistió en ir. Ella pasó mucho tiempo de la película llorando, niña sentimental que se emociona por cada perro callejero que encuentra a su paso.
Yo en lo personal hallé la película de tono ligero, mucho en realidad. Nunca hubo un nudo generador de tensión en la historia, solo pasa de un hecho a otro, como normalmente son las vidas de las personas, con conflictos locales pequeños que en el conjunto tienden a ser menos notorios. El desenlace es triste, pero predecible y más si se hace un poco de investigación previa.
Los perros actores utilizados en la película son fabulosos, y más aún porque a mi me encantan los perros labrador, exactamente del tipo, color y tamaño de Marley.
Lo relevante de la historia es ver como un perro cambia tu vida. Como un perro la complementa dándote su corazón por casi nada a cambio.
Al terminar la película llevé a mi novia a su casa y yo regresé a la mía. Me metí a la cama, llamé a mi amigo canino para que se subiera a la cama, lo abracé y di gracias, a lo que sea que haya sido responsable de que esas niñas idiotas quisieran un cachorro y no pudieran tenerlo en su casa, porque estos últimos ocho, casi nueve años con mi perro, han sido maravillosos.


[...] de mi novio para que me abrazara y me hiciera sentir mejor (si no me creen lean a mi novio aquí) [...]
Enero 2009 « XPerimenta dijo esto en Enero 19, 2009 a 2:19 pm |
Si Kimba supiera leer, te amaría más de lo que ya te ama por este hermoso post que le has dedicado. Y sí, lo confieso, lloré , pero más lloré cuando leí esta divina historia. Te amo. Excelente post!