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La primer computadora que vi, usaba discos de flexibles de cinco y un cuarto pulgadas, horrendos estuches negros que contenían un disco que daba la apariencia de papel brillante, que a la mínima provocación se dañaba. Eran los tiempos de la primaria, allá del año ochenta y nueve del siglo anterior. Jugábamos ‘Alley Cat’, en computadoras que seguramente eran ‘dosochentayseis’, a cuatro colores, tres de preferencia, no se fuera a cansar el procesador.
En esos discos que usábamos, cabía la fabulosa cantidad de 720 KB, lo cual en este momento es aproximadamente dos y media fotografías de las que saca mi celular. Tardaban años enteros en ser leídos y por suerte, nunca nos dejaron escribirlos.
Siempre que prendíamos una computadora había que cargarle el sistema operativo, un disco. Luego poníamos el juego y lo cargábamos, ahora ya eran dos discos. Todo esto estaba en la súper poderosa RAM de la computadora, que se indigestaba con tanta información. Mucho de esto, era porque las computadoras que usábamos no tenían un medio de almacenamiento interno.
Con el tiempo, crecí y las computadoras también, y por suerte nuestra vida juntos no termina. Al tiempo que tuve mi primer computadora propia, allá del año noventa y seis, esta venía con un disco interno de 4 GB y en la etiqueta descriptiva decía ‘¡Más de lo necesario para guardar sus documentos!’ o algo muy similar y era cierto, quién iba a necesitar más de eso cuando los amigos Word, Excel y Power Point jugaban a hacernos la vida fácil en la oficina con archivos que cabrían en muchos casos por decenas en los antiguos pero difuntos discos de 5 pulgadas que usé en la primaria. El web aún no gozaba de tan común acceso, por lo menos aquí en México, y no existían cámaras fotográficas digitales por doquier y en donde las había, el término megapixeles no refería a una unidad de medida, sino a un sueño guajiro. El archivo de sonido preferido para tener canciones era el MIDI, por ser liviano y sencillo de transferir, con el pequeño inconveniente de que diferentes sintetizadores darían versiones igualmente dispares de la misma canción. Los WAV eran prohibitivos para guardar sonidos de más de treinta segundos en calidad de radio, por eso estaban relegados a servir como compañeros de los eventos del sistema operativo. El revolucionario MP3 aún no se instalaba en nuestras vidas.
El día de hoy, tengo aproximadamente un terabyte de espacio simplemente en la computadora de escritorio. Eso es aproximadamente doscientas cincuenta veces lo que mi primera computadora ofrecía y el darme cuenta de que casi el noventa por ciento de ese espacio está ocupado, me ha hecho presa de la reflexión. ¿Qué diablos hay en todo ese espacio?, ¿cuántos recuerdos viven ahí?, ¿qué historia cuentan esos cinco millones de archivos?.
Aparte del religioso porno, mis toneladas de programas, tanto descargados como hechos por mí, música, lícita e ilícita, videos de toda naturaleza y las miles de imágenes estúpidas que bajé por no tener algo mejor que hacer, hay copias y copias de archivos que entre backups se duplicaron una y otra vez. Más aún, he encontrado duplicados en respaldos que ayudé a hacer a terceros y que por azares del destino conservé.
Aproximadamente cien gigabytes de archivos repetidos encontré, pero no por nombre en todos los casos, sino por contenido. El número impresionante, casi doscientos mil. Unos cuantos por culpa de Apple y sus inútiles copias del instalador del iTunes, otros tantos ejecutables gracia de los múltiples parches de Windows, un montón de fotos que debí organizar y terminé regando por copiarlas de la cámara en diferentes ocasiones sin recordar que lo había hecho antes ya.
Sé que no recuperaré todo ese espacio, mucho porque no me voy a pasar días borrando archivitos, aunque sea sencillo con la herramienta de la que hice uso. Otro tanto porque son archivos tontos de Windows, o de los programas que uso y por ello nada hay que hacer en este momento.
Al final, lo más seguro es que compre un disco duro nuevo de mayor capacidad o simplemente otro más, para agregar. Pero me ha hecho pensar que debo ser más cuidadoso al copiar mis archivos, y tener mayor empeño al organizarlos tras un backup, para no tener que desperdiciar mi dinero solo porque fui flojo para regresarlos a su lugar original.
Ahora el comercial, que por desgracia tengo que hacer, y no porque algo me obligue a ello, sino que me es importante dar la información completa.
Hay muchos programas para buscar archivos duplicados o clones como algunos les llaman, algunos buscan por nombre, otros por contenido, yo encontré cómodo el FlexTk de Flexense. Busca por contenido y hace algunas otras monerías.
Ah, si, y siempre debo recordar que los backups salvarán mi vida. No quiero que me suceda lo que a mi amigo José, que, aunque de buena voluntad, por prestar su iPod para pasar unos archivos, perdió todas sus cumbias, todo su metal y todo su porno, de una sola intención.


Ciertamente, los hombres tienen cochinada y media almacenada en sus computadoras. Las mujeres tenemos repleto el disco duro de fotos con el novio y los(as) amigos(as), además de nuestras rolas del ayer o del momento. Ah, y por que no, unas fotos y videos de chicos cueros.
recuperado el porno y la cumbia, lo demas no importa, pero jamas te vuelvo a prestar el ipod
a Jose le gusta el porno, las cumbias y el metal. Le gusta la cumbia metalera???? aqui puede encontrarla http://www.youtube.com/watch?v=Bf92IhVzq6U jajaja Jose aprendio mas que tu con este incidente: no te vuelve a prestar el ipod. Marco, hay que ser mas ordenados con los archivos ehhh!!!
Yey!!! yo jugaba “Alley Cat” y era malísimo (yo, no el juego). En la misma compu tenía “Prince of Percia” BUENIÍSIMO! Pionero en gráficos de hecho (lo mejor en su tiempo)y nunca lo pude acabar porque no tenía el maldito manual para tomarte las posiones…
Todo lo “lanzaba” desde DOS, incluso windows.
Qué tiempos aquéllos, era chido ser el único en la escuela que tenía computadora jajaja (era escuela de gobierno).
SALUDOS!
[...] Olvide la historia y me condene a repetirlo, otra vez vivi al limite, puse toda mi colección musical en el iPod de 80 Gb sin respaldar, creo que cuando por alguna razon se llena el disco, el iPod tiene un pedo para seguir funcionando, asi que despues de añadirle un poco de musica trate de sacarlo y salio la jodida manzana del error. [...]
Autonomático » Blog Archive » I(hate)pod dijo esto en Noviembre 28, 2008 a 10:09 am |